24/3/2026
El efecto Estrecho de Ormuz. Las 4 principales vías de impacto en la economía argentina.
La tensión en uno de los principales corredores energéticos del mundo ya impacta en fletes, seguros y costos clave para el agro. En este escenario, Argentina enfrenta una combinación inédita: mayor presión sobre insumos y logística, pero también una oportunidad para fortalecer el ingreso de divisas.
La tensión en Medio Oriente volvió a poner al estrecho de Ormuz en el centro del comercio mundial. No es un punto más del mapa: es uno de los principales cuellos de botella de la economía global.
Por allí circula cerca de un cuarto del comercio marítimo mundial de petróleo, además de volúmenes relevantes de gas natural licuado y fertilizantes.
En los últimos días, la disrupción del tránsito marítimo en la zona llevó a la Organización Mundial Marítima (OMI) a convocar una sesión extraordinaria para analizar el impacto sobre la navegación y la seguridad marítima, mientras UNCTAD advirtió que los tránsitos de buques por el estrecho quedaron “casi paralizados”.
La magnitud del riesgo explica por qué el mercado reaccionó tan rápido. En 2024, por Ormuz pasaron alrededor de 20 millones de barriles diarios de petróleo, equivalentes a más de un cuarto del comercio marítimo global de petróleo. Además, cerca de un quinto del comercio mundial de GNL transitó por ese corredor, sobre todo desde Qatar y Emiratos Árabes Unidos.
El canal de transmisión hacia la economía argentina
Aunque Argentina no dependa directamente del estrecho para exportar granos, sí está expuesta a sus efectos por varias vías.
La primera es energética.
UNCTAD señaló que, entre el 27 de febrero y el 9 de marzo de 2026, el precio del Brent subió 27% y el gas natural europeo 74%. Al mismo tiempo, advirtió que las tarifas de flete de petroleros, las primas de seguro de guerra y los costos del bunker vienen subiendo, encareciendo cadenas logísticas enteras.
La segunda vía son los fertilizantes.
El Banco Mundial recuerda que el gas natural representa alrededor del 80% del costo de producción de la urea, por lo que un shock energético se traslada con rapidez al precio de los fertilizantes nitrogenados. Y la exposición global no es menor: la Bolsa de Comercio de Rosario destacó que por Ormuz pasaba cerca de un tercio del comercio internacional de fertilizantes, por lo que una restricción en ese corredor no solo encarece la energía, sino también el abastecimiento y el precio CIF de insumos clave para el agro.
Para Argentina, este punto es especialmente sensible. Según la Bolsa de Comercio de Rosario, en 2024 más del 65% del consumo local de fertilizantes se abasteció con importaciones, y el país importó fertilizantes por US$ 1.537 millones. La propia BCR remarcó que la urea es esencial para cultivos como maíz y trigo, justamente dos de los complejos que hoy sostienen buena parte de la expectativa exportadora argentina.
Más costos logísticos, más presión sobre márgenes y precios internos
La tercera vía es logística y aseguradora.
En su análisis sobre Ormuz, UNCTAD advirtió que la suba de fletes, combustible marino y seguros puede elevar los costos a lo largo de toda la cadena comercial. En línea con eso, la Bolsa de Comercio de Rosario estimó que el costo de trasladar granos argentinos al resto del mundo se incrementó entre 40% y 50%, según destino, en medio de la actual escalada.
Ese aumento no siempre se traduce en mejores precios para el productor. De hecho, la BCR explicó que un flete más caro tiende a debilitar los precios en origen, porque actúa como ancla sobre las cotizaciones FOB.
Por eso aparece una paradoja: mientras el conflicto agrega prima geopolítica a los commodities, la abundancia de oferta local y el encarecimiento logístico pueden limitar la mejora de precios dentro de Argentina.
En maíz, esa tensión ya se vio con claridad. La BCR informó que el precio disponible en Rosario llegó a tocar mínimos reales de ocho años, tras pasar de ofertas de US$ 180 por tonelada a valores US$ 10 por debajo en la primera semana de marzo, presionado por el avance de cosecha y la fuerte oferta física. Días después, el mercado mostró cierta recuperación hacia la zona de US$ 180/t, pero el episodio reflejó con nitidez que el factor local puede pesar más que la suba internacional.

El factor financiero: los fondos vuelven a los granos
La cuarta vía es financiera.
En contextos de incertidumbre geopolítica, los fondos suelen reposicionarse en activos reales y commodities. Según la BCR, en apenas treinta días hábiles los fondos especulativos pasaron de una posición neta vendida en granos y derivados a una posición neta comprada de 295.045 contratos, lo que implicó compras netas por alrededor de 540.000 contratos en Chicago. Ese giro ayudó a sostener precios internacionales más altos, sobre todo en trigo y soja.
Este movimiento importa para Argentina porque mejora el telón de fondo externo, pero no garantiza un traslado lineal a la plaza local. Si el conflicto se descomprime, esa misma posición financiera puede revertirse con rapidez. La suba de precios internacionales, entonces, puede ser un alivio parcial, pero también una señal frágil si se apoya más en cobertura financiera que en fundamentos físicos duraderos.
La paradoja argentina: shock externo, pero cosecha récord
En medio de esta volatilidad, Argentina enfrenta una situación singular. La Bolsa de Comercio de Rosario proyecta para la campaña 2025/26 una producción total de 160 millones de toneladas, con una cosecha fina récord de 29,5 Mt de trigo y 5,6 Mt de cebada; además, estima 62 Mt de maíz, 6,6 Mt de girasol y 48 Mt de soja. Sobre esa base, calcula exportaciones agroindustriales por US$ 34.530 millones en 2026 y una recaudación por derechos de exportación cercana a US$ 4.650 millones.

Desde una mirada macroeconómica, esto vuelve al agro un amortiguador central. Si el conflicto en Ormuz encarece energía, fertilizantes, transporte y seguros, pero al mismo tiempo sostiene o mejora los precios internacionales de granos y aceites, Argentina podría capturar parte de ese efecto por la vía exportadora.
En otras palabras: el mismo shock que encarece costos para el mundo puede reforzar el rol del agro como generador de divisas para la economía argentina.
Qué puede pasar con el comercio internacional
Si la crisis en Ormuz se prolonga, el impacto ya no sería solo de precios, sino de arquitectura comercial. UNCTAD advirtió que estos episodios pueden propagarse rápido a través de energía, transporte e insumos agrícolas, con efectos más severos sobre economías vulnerables.
Para el comercio internacional, eso implica al menos cuatro consecuencias:
- Más costo por tonelada transportada
- Mayor exposición a seguros de guerra
- Demoras operativas
- Reasignación táctica de flujos hacia rutas y proveedores alternativos.
Para las empresas argentinas, eso obliga a mirar más allá del precio del commodity. El riesgo está también en la logística, en la cobertura de mercadería, en la volatilidad del costo financiero y en la capacidad de sostener contratos en un escenario donde cambian las primas, los tiempos y las condiciones del transporte internacional.
Desde esa perspectiva, el conflicto en Ormuz no es solo una noticia geopolítica: es un factor de riesgo operativo para importadores, exportadores, operadores logísticos y toda la cadena de comercio exterior.
Una crisis externa con efectos muy concretos en Argentina
La conclusión es clara. El estrecho de Ormuz queda lejos, pero su impacto no. Si el conflicto persiste, Argentina puede enfrentar mayores costos energéticos, fertilizantes más caros, fletes y seguros marítimos en alza, y más presión sobre la logística global. Pero, al mismo tiempo, la cosecha récord proyectada para 2025/26 y el volumen esperado de exportaciones agroindustriales pueden darle al país una fuente de dólares clave en un contexto internacional más incierto.
La verdadera incógnita no es solo cuánto durará la crisis. También importa cuánto tiempo podrá sostener Argentina la eficiencia logística, el abastecimiento de insumos y la competitividad exportadora necesarias para transformar una oportunidad de precios en ingreso real de divisas. En un mundo más volátil, la diferencia no la marcará solo la cosecha. La marcará también la capacidad de gestionar el riesgo.
La gestión del riesgo en un comercio internacional más incierto
En este contexto, el riesgo deja de ser únicamente productivo o comercial, y pasa a ser también logístico y financiero. La volatilidad en rutas marítimas, el encarecimiento de fletes y la suba en las primas de seguros no son variables aisladas: forman parte de un mismo escenario donde la continuidad operativa depende cada vez más de la planificación.
Para exportadores, importadores y operadores logísticos, esto implica revisar no solo costos, sino también niveles de cobertura, alcance de las pólizas y exposición real en cada tramo del tránsito internacional. Especialmente en escenarios donde pueden aparecer desvíos de rutas, demoras o incrementos en riesgos asociados a zonas geopolíticamente sensibles.
Qué variables revisar para operar en un contexto global más incierto:
- Revisar rutas y tiempos de tránsito (transit time): Evaluar posibles desvíos, zonas de conflicto y su impacto en tiempos y costos logísticos.
- Analizar la exposición real de cada operación: Identificar puntos críticos en origen, tránsito y destino donde el riesgo se incrementa.
- Actualizar condiciones contractuales y comerciales: Revisar INCOTERMS, responsabilidades y cláusulas ante desvíos o demoras extraordinarias.
- Validar coberturas y alcances vigentes: Asegurar que las pólizas contemplen escenarios actuales, incluyendo desvíos, sobrecostos o zonas sensibles.
- Monitorear costos logísticos y financieros en tiempo real: Fletes, seguros, combustible y tasas pueden variar rápidamente en contextos de crisis.
- Trabajar con escenarios alternativos: Anticipar planes de contingencia ante interrupciones o cambios en rutas internacionales.
En este nuevo mapa del comercio global, la diferencia no está solo en llegar a destino, sino en cómo se gestionan los riesgos en el camino.
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