8/04/2025
El nuevo giro proteccionista de EE. UU. que reconfigura el comercio mundial
Latinoamérica, en la línea de fuego de la guerra arancelaria: cómo los nuevos gravámenes de EE. UU. están redibujando el mapa del comercio internacional y elevando los riesgos logísticos.
El comercio global atraviesa una nueva etapa de tensión. La reciente imposición de aranceles por parte de Estados Unidos —que afecta a una amplia gama de productos y países— está generando un impacto inmediato en los flujos comerciales, la planificación logística y la dinámica del transporte internacional.
Este giro en la política comercial estadounidense no se limita a un ajuste coyuntural. Se trata de un cambio estructural que altera el equilibrio del comercio internacional, obliga a replantear cadenas de suministro y expone a las empresas a nuevos riesgos operativos y financieros en un contexto ya marcado por la incertidumbre geopolítica y económica.
Las reacciones del mercado no tardaron en manifestarse. Empresas navieras y operadores logísticos registraron caídas significativas en el valor de sus acciones: Maersk retrocedió un 10 %, Hapag-Lloyd un 9 % y ZIM un 16,4 %. A su vez, se estima que los importadores estadounidenses enfrentarán costos adicionales de entre uno y dos mil millones de dólares diarios como consecuencia directa de estos aranceles.
Según analistas internacionales, la magnitud de estas medidas solo encuentra precedentes comparables en períodos de fuerte contracción económica global. En la práctica, esto se traduce en un encarecimiento de las importaciones, una menor previsibilidad logística y una presión creciente sobre los costos de transporte y aseguramiento.
Impacto inmediato en el transporte y la logística internacional
El sector logístico es uno de los primeros en sentir los efectos del nuevo proteccionismo. El aumento de aranceles no solo impacta en los volúmenes de carga, sino también en la planificación de rutas, la utilización de flotas y la eficiencia operativa de los principales corredores comerciales.
Entre los principales efectos observados se destacan:
- Incremento de los costos de importación y exportación
- Reducción de la demanda de transporte contenerizado
- Mayor congestión en puertos y pasos aduaneros
- Ajustes en rutas marítimas y terrestres tradicionales
Este escenario obliga a operadores logísticos y empresas de comercio exterior a trabajar con márgenes más ajustados y a operar en entornos menos previsibles, donde cualquier retraso o incidente puede generar impactos económicos significativos.
Latinoamérica ante un nuevo escenario logístico y comercial
Para América Latina, cuya relación comercial con Estados Unidos es estratégica, las repercusiones del nuevo esquema arancelario son particularmente relevantes. Muchos países de la región dependen de exportaciones sensibles a estos gravámenes, lo que puede traducirse en una pérdida de competitividad y una reducción de los volúmenes exportados.
Sectores como el agroindustrial, automotriz, manufacturero y tecnológico se encuentran entre los más expuestos. A esto se suma la necesidad de rediseñar cadenas de suministro, buscar proveedores alternativos y explorar nuevas rutas logísticas para mitigar el impacto de los costos adicionales.
En este contexto, los principales desafíos para la región incluyen:
- Mayor exposición a cambios en políticas comerciales externas
- Reconfiguración forzada de rutas logísticas tradicionales
- Incremento de los riesgos operativos y asegurables
- Presión adicional sobre infraestructuras portuarias
Si bien este escenario representa una amenaza para algunos actores, también puede abrir oportunidades para aquellos países y empresas que logren adaptarse con rapidez a las nuevas dinámicas del comercio internacional.
Reconfiguración de las cadenas de suministro globales
Uno de los efectos más profundos del giro proteccionista es la reconfiguración de las cadenas de suministro a nivel global. Frente al aumento de aranceles, las empresas se ven obligadas a replantear sus estrategias de abastecimiento, producción y distribución.
Esto incluye la búsqueda de proveedores alternativos, la relocalización parcial de procesos productivos y el fortalecimiento del transporte multimodal. Si bien estas decisiones pueden reducir la dependencia de determinados mercados, también introducen una mayor complejidad operativa y nuevos puntos de riesgo a lo largo de la cadena logística.
Qué implica este escenario para las empresas de comercio exterior
Para importadores, exportadores y operadores logísticos, el nuevo contexto comercial implica una mayor exposición a riesgos. La volatilidad en las rutas, los posibles cuellos de botella en puertos no tradicionales y el incremento de los tiempos de tránsito elevan la probabilidad de siniestros y pérdidas económicas.
Además, la presión sobre los costos y la incertidumbre regulatoria obligan a las empresas a revisar contratos, plazos y condiciones operativas. En este escenario, la gestión integral del riesgo deja de ser un aspecto operativo para convertirse en un factor estratégico clave para la continuidad del negocio.
Gestión del riesgo como factor estratégico
Ante un entorno comercial más fragmentado y volátil, las empresas deben adoptar un enfoque preventivo. Analizar la exposición por tipo de carga, mercado y ruta logística se vuelve fundamental para anticipar impactos y reducir vulnerabilidades.
La planificación logística, la evaluación periódica de riesgos y la revisión de las coberturas disponibles permiten a las organizaciones operar con mayor previsibilidad, incluso en contextos de alta incertidumbre.
Cómo prepararse ante un entorno comercial más incierto
En este escenario, contar con una estrategia de protección adecuada resulta clave. La revisión de esquemas de aseguramiento, especialmente en lo relativo al transporte internacional de mercancías, permite mitigar el impacto de daños, pérdidas y demoras en la cadena logística.
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